ESTE DIA ENORMEMENTE DICHOSOS POR QUE NOS HONRA CON SU POESIA EL MAESTRO LEO ESPINOLA; DESDE LA SIERRA NORTE DE SEVILLA, ESPAÑA:
ESTE POEMA PUBLICADO EN SU LIBRO "PATIO INTERIOR"
TORMENTA
¡Oh Céfiro salado y oscuro que empujas del mar del golfo
los titánicos volúmenes lilas de algodón y agua helada,
hacia los senos de Sierra Morena y sus jarales!
El monte Hamapega tiñes de gris y atardecer.
Cubres de inquietud el valle de cal y tejas,
y lo vuelves sumiso a tus caprichos.
El gato se vuelve esquivo y tembloroso, ya no lame
[sus patas,
el perro enmudece a los pies de la soledad y del repentino
[otoño.
Cuelas tus frescos vaivenes entre los tenues visillos,
cerrando la ventana a golpes de nogal y arena de playa.
De repente una luz, en un instante, ciega al que camina.
Paralizado ante el temor a la destrucción y a la
[impotencia,
huye, como el soldado entre los golpes de pólvora
[y plomo.
Y enfureces porque la veleta delató tu nombre y tu pasado.
Talas con tu hacha de fuego el viejo roble y lo derribas.
Como si lapidaras el mundo entero con furia,
con menhires de granito y gigantes marmitas de latón,
como si la gran campana de bronce rodara por la ladera
[de caliza.
El campo, ante el cielo déspota de tu enojo, calla y no te
[mira de frente.
Ni el águila imperial osa acariciarte con su suave
[envergadura,
y se protege de tus embestidas junto al tronco blanco del
[eucalipto.
Y vuelves a lanzar tu hacha contra los indefensos de arcilla,
[y madera,
primero, lágrimas dispersas y contundentes, apenas llanto;
después, todo el mar engullido en tus mejillas, como si
[alumbraras,
y te dejas sobre los torrentes secos y obstruidos
[del progreso,
y destruyes los objetivos del sudor de los hombres, y los
[arrancas,
y los apedreas en sus cosechas con astillas de mar helado.
Al poco, tus navíos de algodón plomizo se vuelven blancos
[y deslumbran.
Ya no empujas tu cólera sobre el valle de Benalija,
y el sol con su voz cegadora, te calma
y te aleja hacia las tierras del vino,
hacia las tierras del trigo y molinos de vientos,
como gigantes.
Leopoldo F. Espínola
http://alasdealanis.blogspot.com
los titánicos volúmenes lilas de algodón y agua helada,
hacia los senos de Sierra Morena y sus jarales!
El monte Hamapega tiñes de gris y atardecer.
Cubres de inquietud el valle de cal y tejas,
y lo vuelves sumiso a tus caprichos.
El gato se vuelve esquivo y tembloroso, ya no lame
[sus patas,
el perro enmudece a los pies de la soledad y del repentino
[otoño.
Cuelas tus frescos vaivenes entre los tenues visillos,
cerrando la ventana a golpes de nogal y arena de playa.
De repente una luz, en un instante, ciega al que camina.
Paralizado ante el temor a la destrucción y a la
[impotencia,
huye, como el soldado entre los golpes de pólvora
[y plomo.
Y enfureces porque la veleta delató tu nombre y tu pasado.
Talas con tu hacha de fuego el viejo roble y lo derribas.
Como si lapidaras el mundo entero con furia,
con menhires de granito y gigantes marmitas de latón,
como si la gran campana de bronce rodara por la ladera
[de caliza.
El campo, ante el cielo déspota de tu enojo, calla y no te
[mira de frente.
Ni el águila imperial osa acariciarte con su suave
[envergadura,
y se protege de tus embestidas junto al tronco blanco del
[eucalipto.
Y vuelves a lanzar tu hacha contra los indefensos de arcilla,
[y madera,
primero, lágrimas dispersas y contundentes, apenas llanto;
después, todo el mar engullido en tus mejillas, como si
[alumbraras,
y te dejas sobre los torrentes secos y obstruidos
[del progreso,
y destruyes los objetivos del sudor de los hombres, y los
[arrancas,
y los apedreas en sus cosechas con astillas de mar helado.
Al poco, tus navíos de algodón plomizo se vuelven blancos
[y deslumbran.
Ya no empujas tu cólera sobre el valle de Benalija,
y el sol con su voz cegadora, te calma
y te aleja hacia las tierras del vino,
hacia las tierras del trigo y molinos de vientos,
como gigantes.
Leopoldo F. Espínola
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