Hoy en mi tiempo a destiempo,
Me presto a tirar líneas
que evoco en el pensamiento
espejo de mi sentir nostálgico,
añorando el sol de primavera,
donde el matiz dorado
adorna el cálido atardecer,
las letras caen como cascadas de plata
y la tinta que esparce mi pluma
hace constancia perene
del reflejo que mi percepción
define mi sentimiento,
perpetuándolo en el libro de mi vida.
Una lástima ojerosa, punzante, me hiere,
Los glifos exhiben su indolencia,
Tristeza que nace de mi soledad
Que llevo sobre la espalda
Y se cuelga de silencios
Que armoniosos la aclaman.
Languidece mi rostro, lasitud y campanas
se comunican los secretos de bronce,
a su rutinario tañido,
quizá sea un presentimiento
en los pergaminos del alma
o sal de olvidados manantiales
que de los recuerdos resbalan
y mojan mis cansados ojos
las ojeras de la media noche,
a contra luz de la flama.
Las horas sin piel
se disipan monótonas,
y este dolor,
perfora ese silencio salobre
y se queda en el corazón,
exigiendo tributo.
Con la seguridad de que el mañana
por más que dure la calma,
la cruel soledad,
regresará descarnada,
arremolinando ansias y recuerdos
erizado de ayes negros,
testigos condescendientes y
laxos de madrugada.
El día va dejando caer sus horas
y sin relojes que marquen mi tiempo,
invitaré al silencio
y veré arder las hojas ahogadas en tinta,
de los libros de sabiduría
donde se pierden las estaciones
y se aprenden alternativas,
las palabras las bailo y las beso,
en el altar de mis temores
¡Grácil poemario terrenal!
Rafael Herrera López
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